Montoriens y Sulayr: la fruta que se siente

Cuando la fruta no se come, se siente
Hay frutas que se mastican.
Y luego están las otras.
Las que te cruzan el pecho como un perfume,
las que se quedan flotando en la boca
mucho después de haberlas probado.
Montoriens: cuando la dulzura viene del sol
Ese primer corte que deja ver un interior de ámbar dorado.
El aroma que no grita, pero tampoco se esconde.
La piel tersa, intacta, con el sol aún pegado.
Una mordida y el tiempo se detiene,
como si el calendario olvidara su prisa.
Sulayr: la memoria dulce de algo eterno
Sulayr no sabe a tomate.
Sabe a algo anterior.
Como si te recordara algo que nunca viviste,
una dulzura que no se puede contar sin cerrar los ojos.
No es fruta, es experiencia
¿No es eso una experiencia sensorial?
Una fruta que no se consume, sino que te consume a ti.
Una fruta que no pide nada, pero lo cambia todo.
Fruticatessen no se cultiva, se escucha.
Y en cada pieza hay algo que no se puede fotografiar:
un pequeño asombro, un instante puro,
la certeza de que lo sencillo
también puede ser sublime.
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